domingo, 29 de noviembre de 2009

Me queda sólo un puñado de días...
















Tener que transitar por la vida como si mi corazón marciano estuviera estupendamente. Cruzar las calles con la cabeza gacha.
Torcer una esquina, pateando una lata en la que veo reflejados unos ojos que me sobresaltan. Lanzar una piedra al vidrio que retrata su figura, desde lejos.

Mis días desde que me he sentido alejada del mortal que detuvo mi respiración. No, no. No. No puedo seguir pensando en él, en lo que podría haber sido y no será.

Es doloroso, lacerante, pasear por la multitud, simulando que no lo veo. Pero no es así. Nadie puede mentirse a sí misma, puedo fingir que todo está en orden, que mis pequeños triunfos diarios compensarán esta tristeza larvaria que me acompaña.
En Marte me recomendaron encerrarme en mi cascarón incandescente cuando los humanos me hicieran sufrir. Ese es otro término que vine a conocer acá.


"Igual que ayer, llovía tristeza, como estrella fugaz..."

(Mago de Oz )


Me conecto los audífonos, hago caso omiso del mundo e intento concentrarme en mi plan terrícola. Buscar conocerlos más, mediante la adopción de sus costumbres.
El estudio, actividad que realizo mientras debo permanecer camuflada, es una excelente herramienta para profundizar en sus miedos, sus esperanzas, su injusticia y su propia naturaleza. Y, claro, los sabios de mi planeta, no estaban de acuerdo con que una marciana se introdujera en estas aguas. Quizá ellos sabían que, además de las satisfacciones asociadas, venían desgradables sorpresas. El personaje que priva de sabor a mi comida.

Pronto tendré que embarcar hacia Júpiter. Quizá pueda olvidar, debo enfocarme en memorizar los términos jupiterianos, entre las actividades terrestres que tengo que ejecutar aún... u.u

martes, 17 de noviembre de 2009

Tú, siempre tú.





















Te he visto todo el día.
Sino, te percibía
pasando detrás de mí.
Y no puedo. Lo acallo, pero no lo consigo.
No te olvido. Eres tú, eres tan...
fantasmal.

Te amo.
Te amo.
Te amo.

Y, en cosa de días, no te volveré a ver más.
Te perderé.
Te perderé.
Te perderé.

Aunque nunca fuiste mío...

Te amo.
Y nada puedo hacer.
Te quiero.
Te quiero..
Te quiero...

Tan simple como eso.
Tan extraño como creer aún en ti.

Te perdono y me perdono.
Renazco en ti.
Muero por ti.

Dos encarnaciones en una próxima evolución.

Te adoro.

lunes, 16 de noviembre de 2009

No es para mí

Hoy traté de ser una marciana adaptada a la Tierra. Sumada a mi alegría por un viaje a Júpiter que podré emprender, por ser una extraterrestre capaz de superarse, se viene la labor de seguir adaptándome. El dolor de los días pasados estaba atenuándose...estaba.

Un amigo terrícola y yo nos fuimos a almorzar. Él insistió en ir a un casino cercano a la universidad. Sin saber que "él " llegaría. Mi amigo también es como él, pero aún así lo quiero. Y él llegó, y se sentó en la mesa que compartíamos con varias amigas en común. Y fue un desastre. Tenerlo frente a mí, sin mirarme, saboreando las palabras que mi locuaz amigo pronunciaba, agran velocidad, y que yo le importara nada. Nada.
Sentí que el corazón se me llenaba de frío, se congeleba hasta quebrarse. En varios pedacitos filudos y dolorosos. Tan cerca, tan cerca, pero para siempre lejos.

Tras acabar con el tortuoso momento, le conte a mi amigo terrícola, quien coincidión con todos los que me habían hablado ya de lo mismo: por la forma en que lo miraba, es bisexual (A su juicio).

Y yo...¿yo? ¿Qué puedo hacer?

ESTOY HORRIBLEMENTE ENAMORADA DE UN BISEXUAL, CASI HOMOSEXUAL AL QUE NO LE GUSTO, Y QUE NO LE GUSTAN LAS MUJERES...

ME QUIERO MORIR.

jueves, 12 de noviembre de 2009

HIPÓCRITAS INTOLERANTES

He mandado señales telepáticas y correos electrónicos al alto mando marciano. Ya no tolero seguir en este planeta por mucho tiempo más. Sin embargo, no he recibido respuesta alguna.

Las personas en la Tierra son absolutamete despreciables. No saben guardar un secreto, no saben actuar con altura de miras cuando se les pide discreción. No tienen idea de cómo aceptar las nociones y planteamientos del otro, aunque no sean las que ellos quieran.

Me dan asco, me tienen aburrida y al borde de un ataque de nervios. Terrícolas bélicos, que hacen uso de una diarrea verbal, a falta de argumentos sólidos para defenderse.


ME ESTOY ASFIXIANDO EN UN PLANETA CUYA INTOLERANCIA ES MÁS LETAL QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Metálica tristeza


Estar lejos de los míos, en un planeta que se me torna inhóspito la mayor parte de las veces, no ha sido fácil. He tenido que aprender a lidiar con personas, seres humanos que no logran controlar racionalmente sus emociones. He tenido que aprender a elegir ropas para lucir cada vez que salgo, y también, aprender a desentrañar los gestos de la cara de algunos, cuando no se atreven a manifestar que están tristes, contentos o enojados.


Compleja raza esta, la humana.


Es probable que me esté compenetrando a niveles insospechados con sus malas costumbres. De hecho, desde que recibí el informe del Consejo Marciano de Sabios, que no he podido concentrarme en mis actividades habituales. La nave continúa desordenada, tengo que reparar un par de transistores y continuar leyendo la prensa interestelar, que recibo vía e-mail. Pero no lo consigo. No puedo superar. He buscado en el diccionario conversor de términos "marciano- terrícola" algunas acepciones para describir mi estado de ánimo. Depresión, tristeza, soledad. Miedo. Vacío. Palabras que aquí, en la Tierra, ahuyentan a cualquiera. Y ya entiendo por qué. Te inhabilitan productivamente, te hacen llevar una mueca deformadora en el rostro. Te impelen a estar sentada o querer que alguien cerca te diga que esto va a pasar, que todo estará bien pronto. Que no te quedes mirando lo que no pudo ser.

Pero no encuentro a nadie. Mis amigos marcianos no entendieron mi misión y me dejaron al olvido. Me dijeron los comandantes del alto mando de las fuerzas especiales de Marte, que no tardaría en trabar amistad con los mortales. Y, cuando lograra enamorarme y ser correspondida por uno de ellos, podría decidir si volver o no a mi planeta.



De ello hace ya bastante tiempo. Y sólo he acumulado intentos fallidos. Ansias de querer y hallar a un humano que se distinga de la multitud. Con sus dos piernas frágiles y un cúmulo de emociones contradictorias. Que corren a todas horas, porque siempre van tarde, a dónde no tienen idea que van.

Y yo, ¿qué conseguí? Pues fijarme en uno que va contra las leyes de la naturaleza terrestre: un hombre que se siente atraído por otros hombres, que no entenderá mi esencia marciana heterosexual al 100%. Un hombre que, mientras más lo conozco, más tristeza siento por no poder atraerle y por tener que deshacerme de todos los sueños que estaba dibujando en mi panel de control.

Quisiera llorar, como hacen aquí para desahogarse. Quisiera llamar a alguna amiga para que me escuchara y consolara. Pero es en vano: estoy sola, sola con mi pena, sola con mi terrible y fea realidad. Marciana aislada en la tierra, enamorada de un imposible.

sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Humano Anormal?





Me había ido acostumbrando a tu presencia. Pensaba que sólo era cosa de abrir los ojos del alma y cerrar los de mi rostro, para revivir un sentimiento dormido, ancestralmente.

Los sabios de mi planeta aseguran que, en alguna oportunidad, vivimos en consonancia con los seres humanos. Que basta que un par de ellos se encuentre con nosotros y recuerden esa emoción guardada.

Y creí que lo estaba logrando. Te veía, te pensaba, te soñaba. No. No podía aceptarlo. Creer en ti, quererte a ti, muchachito humano, significaba postergar mi regreso a mi planeta. Pero, quizá, era también una nueva oportunidad para vivir. Para cambiarle el color a mi nave naturalmente.

Le pedí a los videntes de mi planeta que me ayudaran. Algo extraño veía en los ojos de este personaje que robaba mi aliento al aparecer y sonreír.
Quería verlo, verlo eternamente, como una fisión nuclear que aparece, empieza, se apaga y vuelve a nacer.

El informe llegó ayer. Al principio, no lo entendí muy bien. Se me hacía extraño. En Marte nunca ha ocurrido nada parecido. Encendí mi súper computador delta 35689P para revisar el concepto. Entré en metabuscadores, chequeé los términos en todos los idiomas que en este mundo se conocen. Repasé el sánscrito, leí en hebreo, vi anotaciones en chino mandarín y me detuve, incluso, a desentrañar jeroglíficos.

Pero la verdad era una sola, en el idioma que buscara: él es 50% gay. ¿Qué significa esto? Que es "bisexual", que la mitad de su líbido se concentra en los especímenes de su mismo sexo (XY), en tanto que el 50% restante se siente atríado por las mujeres terrestres (XX).

La desolación no encontró palabras. En ninguno de los idiomas que conocía. No atiné a pensar en nada. Abrí la compuerta de mi nave, presioné un botón rojo, el de las emergencias. Al instante, un cúmulo de basura interestelar (que aquí denominan "comida chatarra") se deslizó por la banda magnética. Sabía que hacer eso me restaba 50 años lunares de vida. Mas, no tenía opción para superar mi depresión. Abrí la boca y deglutí, una a una, cada partícula de patata frita, cada sorbo de bebida gaseosa. Ya no me quedaba ninguna razón para prolongar una estancia obligada en la Tierra, mas no puedo emigrar hasta cumplir con una misión que, dado esto, se me torna imposible de concretar :(

Cuando pensaba que me estaba enamorando de un terrícola excepcional, me dicen que es homosexual.