domingo, 8 de noviembre de 2009

Metálica tristeza


Estar lejos de los míos, en un planeta que se me torna inhóspito la mayor parte de las veces, no ha sido fácil. He tenido que aprender a lidiar con personas, seres humanos que no logran controlar racionalmente sus emociones. He tenido que aprender a elegir ropas para lucir cada vez que salgo, y también, aprender a desentrañar los gestos de la cara de algunos, cuando no se atreven a manifestar que están tristes, contentos o enojados.


Compleja raza esta, la humana.


Es probable que me esté compenetrando a niveles insospechados con sus malas costumbres. De hecho, desde que recibí el informe del Consejo Marciano de Sabios, que no he podido concentrarme en mis actividades habituales. La nave continúa desordenada, tengo que reparar un par de transistores y continuar leyendo la prensa interestelar, que recibo vía e-mail. Pero no lo consigo. No puedo superar. He buscado en el diccionario conversor de términos "marciano- terrícola" algunas acepciones para describir mi estado de ánimo. Depresión, tristeza, soledad. Miedo. Vacío. Palabras que aquí, en la Tierra, ahuyentan a cualquiera. Y ya entiendo por qué. Te inhabilitan productivamente, te hacen llevar una mueca deformadora en el rostro. Te impelen a estar sentada o querer que alguien cerca te diga que esto va a pasar, que todo estará bien pronto. Que no te quedes mirando lo que no pudo ser.

Pero no encuentro a nadie. Mis amigos marcianos no entendieron mi misión y me dejaron al olvido. Me dijeron los comandantes del alto mando de las fuerzas especiales de Marte, que no tardaría en trabar amistad con los mortales. Y, cuando lograra enamorarme y ser correspondida por uno de ellos, podría decidir si volver o no a mi planeta.



De ello hace ya bastante tiempo. Y sólo he acumulado intentos fallidos. Ansias de querer y hallar a un humano que se distinga de la multitud. Con sus dos piernas frágiles y un cúmulo de emociones contradictorias. Que corren a todas horas, porque siempre van tarde, a dónde no tienen idea que van.

Y yo, ¿qué conseguí? Pues fijarme en uno que va contra las leyes de la naturaleza terrestre: un hombre que se siente atraído por otros hombres, que no entenderá mi esencia marciana heterosexual al 100%. Un hombre que, mientras más lo conozco, más tristeza siento por no poder atraerle y por tener que deshacerme de todos los sueños que estaba dibujando en mi panel de control.

Quisiera llorar, como hacen aquí para desahogarse. Quisiera llamar a alguna amiga para que me escuchara y consolara. Pero es en vano: estoy sola, sola con mi pena, sola con mi terrible y fea realidad. Marciana aislada en la tierra, enamorada de un imposible.

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