martes, 22 de junio de 2010

Contándome un nuevo cuento

Desde la última vez que tuve contacto con este humano nefasto, la vida me ha parecio inestable. Perder la confianza en ese ser, que era un gran amigo y luego confunde todo y lo manda al carajo, no es sencillo. Me gustaría pensar que las cosas son diferentes, pero no.

Hace un par de días subí en mi nive estelar, algo que aquí denominan "cumpleaños". En Marte se acostumbra recibir un saludo formal de las figuras paternales, en la Tierra, en cambio, se hace toda clase de festejos y celebraciones, incluyendo alimentos altamente hipercalóricos y bebidas varias.

Y, desde luego, todos se congratulan de esa fecha.
Pero no supe nada de él. Nada de nada.
Y la última esperanza que me quedaba dando vueltas por ahí, terminó por extinguirse.

Sin embargo, he retomado el contacto con un muchacho que me encantaba, pero con el que, tras regresar de Júpiter, no tuve muy buena relación.
A ratos pareciera quererme, a ratos se pierde en un jugueteo que poco pareciera tener de amor, pero bueno. Es mejor eso a nada, ¿no?

Ya no sé si vale la pena esperar algo más...

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