martes, 15 de diciembre de 2009

Candidatos a una moneda

Época de elecciones, de enemistades y luchas de poder.
Se desata una guerra de egos del que sólo salen damnificados los ciudadanos más humildes.
Me paseo por las calles polvorientas, pensando. Creyendo que los humanos pierden sus horas en discusiones y se acaloran. Mas, es una de las pocas veces en que pueden animarse a creer en algo. A poner sus energías por un proyecto en el que se sienten integrados, compartiendo con algún otro su anhelo de triunfar. Aunque sea, con escaso sustento racional y sí, muchas escaramuzas.

Frei, Piñera...dos candidatos para un país revulso, que esconde una pobreza dura y constreñida tras las verdes plazuelas de la Moneda y sus alredores.

Yo veo eso desde mi nave. Sin embargo, mi pesar se ha mantenido también dormido. Me abarroto de actividades para que el peso de la soledad sea menos lóbrego. Simulo que soy extraordinariamente eficiente e invulnerable. Que sólo me importan las cosas racionales y ostensibles de la vida. Las labores remuneradas y las tareas que gocen de aprobación social.

Sin embargo, al teletransportarme a la nave, recuerdo mi misión en este mundo. Mi lejanía de un corazón capaz de sentir el mío entre latidos. De tener una sonrisa que sólo pueda ser mía. Y reír, y soñar con un destino junto a alguien (no con alguien), que pueda permitirme sacar lo mejor que llevo dentro.

Ya van tres años de fallidas búsquedas y esperanzas indelebles, que se marchitan cada noche, antes de quedarme profundamente dormida y olvidar, por un par de horas, que estoy aislada en un mundo que no me reconoce. NI yo a él.

Quiero ser feliz.

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